El Estado de Bienestar , tal como lo entendemos hoy, es sin dudas, diferente a aquel que imagino Lord Beveridge. El plantea la necesidad de un estado de seguridad bajo ciertas condiciones, la garantía de una mínima cobertura social por parte del Estado, para cuestiones básicas, la existencia de un seguro privado para incrementar y quizás fortalecer la cobertura mínima nacional. En medio de esto, menciona con ahínco, la necesaria existencia de un ámbito de iniciativa privada que conforme con aquellos un sistema de cobertura mixto. Con el pasar de los años vemos como su plan fue virando hacia la exclusiva responsabilidad estadual en la cobertura de las contingencias sociales y fue adormeciéndose la iniciativa privada. Preso de una paralizante excesiva seguridad, el hombre de hoy se desinteresa progresivamente de su contribución al desarrollo de la sociedad, lo que conduce a instituciones cada vez más ineficaces . En esta situación, lo único que subsiste es la ambición por el enriquecimiento rápido y sin esfuerzo, fomentando la corrupción y el empleo de toda clase de artimañas para lograrlo.
El Estado del Bienestar, tal como se ha concebido y aplicado, ha hecho daño a la mentalidad de los hombres de nuestro siglo. El Estado ciertamente debe proteger las situaciones de indigencia y, en ejercicio de su función subsidiaria, extenderla a los contados casos que la sociedad no puede atender. El error del Estado de Bienestar ocurre en detrimento de las unidades productivas de riqueza que, de esta forma, se sienten desincentivadas. En este sentido el nivel a que se ha llevado el Estado del Bienestar ha traicionado incluso el pensamiento de Lord Beveridge, quien había escrito:
«el Estado, al establecer la protección social, no debe sofocar los estímulos, ni la iniciativa, ni la responsabilidad. El nivel mínimo garantizado debe dejar margen a la acción voluntaria de cada individuo para que pueda conseguir más para sí mismo y su familia».
Con esto no quiero enrolarme en una postura contraria a las políticas sociales por parte del Estado, solo llamar a la reflexión. La aplicación errada de ciertos conceptos, deviene necesariamente en cuestiones de difícil solución, considerando que atravesamos una fuerte crisis institucional -moral-politica-jurídica, seguir el llamado a la iniciativa privada de Beveridge, seria hoy, un herramienta de incalculable valor en la solución de nuestros conflictos.
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